jueves, 12 de abril de 2018

Reseña de Alejandro Cabrera Coronas: “Los nuncavivos”. Ediciones Atlantis. 2017


Alejandro Cabrera es un autor granadino nacido en Melilla que ejerce de profesor de secundaria y por fin se ha lanzado al mundo editorial después de cuarenta años de creación literaria. Este proyecto quiere ser un homenaje a las novelas de terror mediante la creación de un personaje de ficción fuera de los habituales del género, los nuncavivos no son ni zombies, ni vampiros, ni rehechos de retazos de otros muertos… Alejandro Cabrera aporta a este mundo unos seres muy reales, aunque su corporeidad esté fuera de nuestra comprensión.
                Inquietante desde el mismo diseño de la portada (aportado por su hermano Álvaro) y escrita y reescrita varias veces, la novela utiliza diversas técnicas narrativas. La principal es la de la fragmentación. En un alarde preciosista digno de un relojero, los distintos personajes hablan desde diversas fuentes: extractos de narraciones, emails, verso, cartas, chats en internet… cada una de las cuales tiene, precisamente, una fuente tipográfica y disposición particular, que, además, nos sirve de guía para adentrarnos en este inquietante mundo. La fragmentación remite, por momentos, al inicio de La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, aunque éste en otro registro, o, más actuales, Alba Cromm, de Vicente Luis Mora (2010) y Videojugarse la vida (2014), de Daniel Cotta Lobato.
                Otra de las bazas de Alejandro Cabrera es el estilo, en el que abundan los homenajes implícitos. El género epistolar lo conecta con el Frankenstein de Mary Shelley y el Drácula de Bram Stoker dos ilustres precedentes. Otra sombra que planea sobre la narración es la de Edgar Allan Poe y, por supuesto, Howard Phillips Lovecraft, cuyas atmósferas enrarecidas se respiran claramente en Los nuncavivos, en especial en el relato, en forma de texto encontrado, que pretende dar explicación de los extraños fenómenos que jalonan la novela.
                Por supuesto, una buena novela de terror, como las de ciencia-ficción, tiene que tener otros ingredientes. Los personajes es otro puntal esencial. Esta es una narración en la que el escaso número de personajes conduce a una asfixiante relación entre ellos. Una exitosa editora al final de su carrera, un profesor y un amigo, lúcido –y pesimista, como todos los lúcidos–. El profesor se ha ofrecido a encauzar los arrebatos líricos de alguien que va a terminar por intoxicar las relaciones entre ellos más allá del mundo virtual en el que se desarrolla la novela.
                Precisamente la elección del ciberespacio es otra de las aportaciones al género y lo conecta con las novelas de Vicente L. Mora y Daniel Cotta. Sirva de reflexión la confusión entre la realidad y la virtualidad como el escenario donde se desarrollan las luchas internas de nuestras conciencias. Más allá de una tópica denuncia de la paradójica soledad en un mundo hiperconectado y de los peligros de la red, Alejandro Corona se marca un paisaje fantasmal fuera del universo adolescente del terror que triunfa en las salas de cine. Es otro tipo de cine quien da el tono. En la casa, película de 2012 dirigida por François Ozon nos ofrece otra de las claves para entender cómo se puede introducir un elemento tóxico en la burbuja que los personajes tenían creada para ellos.
                Aprovecha también el autor para hacer una exposición de una teoría lírica, de una concepción precisa de lo que debe ser la poesía, de su forma y de su función, de cómo encarar la escritura, de lo que sobra y lo que nunca debe faltar en ella.: “Unos cuantos poemas no fabrican un poeta, y eso lo sabes tú mejor que nadie”.
                Uno no puede evitar pensar en el mensaje que Alejandro Cabrera nos está intentando dejar a lo largo de las páginas, como los pequeños guijarros de Pulgarcito. Intuir hasta qué punto intenta reflejar una realidad que nos es conocida, a la que debemos mirar como se mira un espejo, encarando los propios fantasmas, los que viven y los que nunca lo han hecho y nos manejan como marionetas con las cuerdas rotas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario